martes, 1 de diciembre de 2009

Regreso

En mi último año de estudio me vi obligado a volver a mi ciudad natal, que mas que una ciudad era un pueblucho perdido entre los montes que lo rodeaban como los muros de una prisión. Era un sitio donde el tiempo no pasaba y las calles susurraban a tus espaldas. A pesar de sentir un profundo desprecio por aquel sitio, tenía que reconocer que tenía cierto encanto.

Me despedí de mis abuelos y de mi tío y salí al portal. Era un bloque de nueve pisos, frío, impersonal y austero. No tuve valor de coger el ascensor y bajé los siete pisos por las escaleras. Al salir sentí el golpe del frío y me puse los guantes. La nieve todavía no había caído pero las temperaturas bajas obligaban a todos a vestir pesadas prendas para soportar el día a día. Anduve a través de las calles que despertaban el dolor y la melancolía viendo los fantasmas del pasado. Inspiré hondo y cerré los ojos, no quería llegar a esa profundidad de mí. Pero las caras que veía a mi paso me impedían el camino hacia la calma. Reconocía rostros que antaño eran mis amigos, ninguno de ellos me vio a mí.

Por fin pude llegar hasta el colegio. Era un gran edificio que reunía la primaria con la secundaria, sólido e impenetrable. Mientras bajaba las escaleras hacia la entrada sentí que algo iba mal, algo había cambiado en aquel sitio y que el destino me había obligado a regresar por algún motivo.

Continuará...

lunes, 16 de noviembre de 2009

Máscara

¿Cuántas imágenes han sido censuradas en nuestra mente? ¿Cuántos recuerdos oprimidos albergan nuestras almas? ¿Cuánto daño hemos hecho sin tan siquiera sospecharlo o, lo que es peor, sabiéndolo con toda certeza? Nos acercamos unos a otros y explotamos en el encuentro, el ego se ve nublado e incapaz de entender el dolor que puede causar.

Aprieto el gatillo y veo como la bala se arrastra a través del aire, atraviesa la fina pared de madera y vuela libre hacia ningún lado. Sé que caerá. Dejo el arma en la mesilla de noche y palpo las sabanas de la cama en busca de algo. Aquí está. Mientras salgo por la puerta me coloco la máscara en la cara sin poder espantar de mi mente los sombríos pensamientos.

Todo ocurrirá como siempre, sin querer hacerte daño. Estaré entreteniéndote de nuevo... Querrás ver qué hay bajo la máscara pero… no me gustaría perderte aún.

Y ahora es cuando todos os preguntareis ¿qué clase de monstruo se esconderá debajo? Sonrió sin sentir alegría. La misma clase de monstruo que cada uno escondéis en vuestro ser. No soy nada. Soy todo. Soy tan solo un pensamiento fugaz surgido al ver el mar de noche…noche…noche…noche…nada.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Welcome to where time stands still...

Me desperté en una habitación blanca.Llevaba puesto un pijama gris con rayas azules.No sabía donde me encontraba y pensandolo mejor no sabía nada.Desconocía quien era,donde estaba y en qué día y año me encontraba.Sentía una extraña libertad,como si por fin en mucho tiempo mis brazos quedaran libres,no estaban atados.Giré la cabeza y por la ventana vi un bonito paisaje.Un río detras del cual un peqeño bosque impedía ver el horizonte.Me incorporé en la cama e intente concetrarme en algún recuerdo que pudiera encontrar en mi cabeza que parecía estar vaciada.Nada...nada...nada...un rostro...su rostro...ella.Abri los ojos,ella no me abandonaba ni en este sitio,incluso cuando mis recuerdos desaparecían. Ella seguia estando aqui,me daba las buenas noches.Pensé que lo mejor sería desacansar un poco mas.Cerré los ojos y pensé-"¿Me acordaré de esto cuando despierte?"

Sanitarium, leave me be. Sanituriaum... Just leave me alone...

martes, 27 de octubre de 2009

Lily


A veces creo ver a Lily en el porche de nuestra casa. Creo ver como su castaña melena se ondea debido al viento y su sonrisa hipnotiza mi ser. Aquella sonrisa que me movió a dejar la famosa vida de soltero, comprar esta casa y venir aquí a vivir con ella.
Cuando la veo ahí parada, sonriéndome, no puedo evitar sentir el calor dentro de mi pecho y empezar a andar hacia ella. Al abrazarla siento como sus pechos se aprietan contra mí. Y también siento su cálido aliento en mi cuello, escucho un leve susurro: te quiero.
Pero nada de esto puede ser cierto, Lily murió en aquel accidente de coche mientras veníamos de camino a esta casa a consumar nuestro matrimonio. Y aquí me veo abrazando el aire y soñando con no haber salido del coma.
Por las noches me despierto y la veo a los pies de la cama, mirándome. Me levanto despacio temiendo estropear el momento pero ,así de cruel es el destino, ella desaparece tan sólo dejando en el aire su olor. Me quedo en el sitio respirando el aire, intentando recordar el olor el máximo tiempo posible.
Hoy es nuestro primer aniversario. Vuelve Lily…
Y de nuevo la veo observándome en la noche, me sonríe y me extiende su mano. Intento tocarla y contra todo prognóstico siento su calor. Ella me agarra fuerte, tenemos poco tiempo. Me lleva de la mano al cuarto de los invitados donde nuestros alientos vuelven a empañar los cristales por última vez.
No volví a verla nunca más, tan sólo en mi imaginación donde a veces creo ver a Lily en el porche de nuestra casa.

Inspirado por la obra de Richard Taylor, "La mansión Monroe".

lunes, 26 de octubre de 2009

La casa

La casa gemía. La enorme y medio muerta casa gemía como si fuera un animal malherido. Los rotos cristales me miraban pidiendo auxilio mientras yo no podía moverme de miedo. El tejado, bello en los gloriosos tiempos ahora estaba lleno de cicatrices y agujeros de los que la sangre parecía estar fluyendo a borbotones. La puerta abierta dejaba entrever el negro interior. Las escaleras del porche estaban rotas, la desdentaba boca de la casa gemía. La lluvia caía y caía limpiando sus heridas y el viento la mantenía en sus brazos pidiéndole aguantar un poco más.
La casa gemía. La casa se estaba muriendo.


Suena el despertador





Gran hombre es aquel que se enfrenta a sí mismo sin importar si gana o pierde. La batalla de la mañana ha empezado. ¿Abrirás los ojos para abrirte camino en la realidad? ¿O te hundirás otra vez en el placentero pecado?

Ha pasado un año ya



Ha pasado un año ya. Como de costumbre me he quedado sólo en casa. La noche cayó de pronto, como todas las noches invernales y el viento no para de silbar colándose por los huecos de las puertas. Estoy sentado en el sofá, recordándolo todo. Ha pasado un año ya.
La calle es igual a la calle que veía por aquellos días. Esta imagen hace que todo lo que ha pasado hasta hoy me parezca un sueño y yo, me acabo de despertar y al hacerlo me doy cuenta de que sigo amándola con locura y que mi vida no vale nada sin ella a mi lado. Me doy cuenta de a quien ella le hace compañía. Me doy cuenta de que si no acabo con esta ilusión empezaré a llorar.
Levantándome me estiro y con alivio me doy cuenta de que aquello está en el pasado. Suspiro y me quito de encima las pesadillas que me agarraban por el pecho, fui un loco dejándoles apoderarse de mí hace un año, pero ahora el veneno del amor ya no está presente en mi sangre. Ya no fluye libremente por mí y no pincha mi corazón cada vez que éste impulsa la sangre por mis arterias.
Moviéndome a oscuras por el salón me dirijo a la cocina para beber algo de agua o lo que encuentre. Cuando estoy sólo en casa suelo apagar las luces y no estoy seguro de si lo hago para ahorrar electricidad o porque me siento más cómodo a oscuras. Pero en la cocina me veo obligado a darle al interruptor y cegarme con la intensa luz blanca que golpea mi cabeza hasta que me acostumbro a ésta. Mientras que bebo el agua de un vaso los recuerdos no paran de acosar mi cabeza y de pincharme. Por ahora es una dulce melancolía a la que no puedes dejarla escapar entre las manos si no quieres caer en una buena depresión.
Aquel día que comimos aquí. Otro que cenamos. Me acuerdo de cuando nos quedamos hablando en el sofá. Me acuerdo de … Al diablo...



 


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